martes, 27 de noviembre de 2007

lunes, 12 de noviembre de 2007


¡Basta de mentiras!
Pareciera a propósito... se acercan las elecciones, y uno ya no puede confiar en nadie. Entre las diferentes agrupaciones se tiran con dardos venenosos unos a los otros, ellos mienten, nosotros decimos la verdad, ¿quiénes? ¡nosotros!, ¿y quienes somos nosotros? Ah no, no sé, pero ellos son peores. Y así, bombas de aquí para allá, y no es una canción de los redondos. A los apolíticos –que son muchos, y no es raro- les recomiendo una cosa nomás, recostarse en un parquecito a disfrutar de una cervecita, una birrita, o birri, a secas. Para muchos... una Stella.
Bueno, alegres borrachines, les tengo una sorpresa... ya ni en nuestra amada birri podemos confiar. No porque se halla entregado a las viles maniobras de la política. Ella no quiere ganar elecciones, sabe que la elegimos incondicionalmente, pero igual nos engaña, nos atrapa, casi digamos, mágicamente.
Podemos tomarnos una, dos, tres birrinas sin reparar en su cara, es más, mientras más hallamos tomado menos chances de que lo hagamos, así que para el ojo poco atento, despistado digamos, la etiqueta no pasa a ser más que un amontonamiento de palabras, de las que sólo rescatamos una: “STELLA”.
Stella... susurrándonos al oído... Stella... imaginamos una acompañante francesa, que nos haga olvidar por un instante de nuestro gris conurbano sur. ¡Hasta apellido le ponemos!, no se llama Stella y punto, Stella Artois, ¿se habrá escapado de algún poema de Rimbaud? Podemos imaginarnos que sí, tranquilamente, no nos olvidemos que somos unos alegres borrachines, entregados al placer de nuestra cerveza favorita.Stella Artois, nuestra muchacha francesa, nuestra acompañante francesa, nos tiene preparada una sorpresa... resulta que no es francesa. ¿No?, no, pero viene de ahí nomás, de un pueblito llamado Leuven, lo sabemos porque nos los dice ella, justito debajo de su apellido, Leuven, en la Bélgica del norte. Stella Artois es entonces, nuestra fiel muchacha belga, que ya no es francesa, pero todavía no pierde su encanto. Seguimos enamorándonos de su cara, cuando descubrimos nuestra segunda sorpresa... su fecha de nacimiento: Anno 1366. Waw, ¡641 pirulines!, es antigua podríamos decir nuestra amiga belga, pero no nos asusta tanto su edad sino cómo nos lo dice, ya no pareciera ser ni belga ni francesa... Anno 1366 está dicho en italiano... chica cosmopolita la nuestra, ¿qué más se puede pedir?.
Tenemos entonces una chica francesa, llamada Stella Artois, que viene de Leuven, un pueblito belga, y que nos dice en italiano que nació en 1366. Menos mal que somos borrachines, así que esta confusión es poca. Pero falta un último secreto (o no tan último), que nos cuente su realidad... no es una muchacha, “Premium Lager Beer”, es una cerveza... y en inglés... nuestra chica francesa, proveniente de bélgica, nacida en italiano, es una cerveza inglesa... que decepción, y tiene el descaro de decírnoslo en inglés, asumiendo que todos le vamos a entender, y por haberla entendido, perdonarla... lástima que le falta un secreto, y uno sólo, quizás el más desconsolante... un triste, pequeño, y sentenciante “Industria Argentina”. ¡Ahí, abajo a la derecha!, no es triste que sea nacional, pero para nuestra fantasía es una herida de muerte, habrá que tragarnos con honra que nuestra acompañante fiel no es ni francesa, ni belga, ni italiana, ni siquiera inglesa... es argentina, y nos miente, o nos quiso mentir. Prefiero conformarme con la honestidad de una quilmes bien helada, eso sí es vida, y real quizás.
Así que amigos míos, alegres borrachines, no se dejen engatuzar, una cerveza no es un voto, pero a nuestra integridad la hieren por igual... seamos inteligentes, elijamos bien, con responsabilidad... y con moderación.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Es mi intención repudiar el triunfalismo democrático imperante en estos días de jolgorio electoralista. ¿Cuál es el modelo de universidad que queremos? Sinceramente no uno que coarte las libertades individuales.
Es mi intención resaltar mi recalcitrante deseo de que las aulas no se identifiquen con un número, sino con colores sólo en repudio de la comunidad daltónica de nuestra universidad. Es menester una acción rápida y persuasiva para lograr que nuestra "brand-new" asamblea acate mi pedido, mi deseo de libre ave, mi libertad individual, la que ellos también aclaman, la que ellos dicen defender.
Ya no dependo de mí mismo, dependo de unas manos felices bien arriba, votando mis ideales, juzgándolos, considerandolos más o menos justos, más o menos razonables, juzgándome a mi mismo en fin, como más o menos libre.
Recuerdo haber sido libre hace muy poco, en el momento de entrar al cuarto oscuro, espero no haberme equivocado al haber elegido entre un teléfono inálambrico y un par de chicharras felices.